Inteligencia emocional en los niños y en la educación.

Aun en nuestra sociedad hay familias y educadores que creen que hay emociones buenas y malas, que lo que hay que hacer es fomentar las buenas emociones y “controlar” las malas. Niños que creen que son malos si se enfadan, débiles si sienten miedo o tristeza y geniales si suelen estar alegres. Aun a día de hoy se pretende “obediencia” jugando con el sentimiento de culpa o vergüenza, como si fuera la forma de guiar la conducta. Aún a día de hoy se oye “no llores que te pones feo”, o vemos padres que pegan a una “mesa mala” en el intento de hacer sentir bien a un niño que se ha golpeado. Aun a día de hoy se cree que NO somos dueños de nuestras emociones, que es la vida, las circunstancias o los otros lo que tendrían que cambiar, para “yo sentirme bien”, aunque paradójicamente a día de hoy sigo viendo niños -y no tan niños-, que se creen los responsables del bienestar y la felicidad de sus padres o de los demás. Por eso aún a día de hoy hace falta Inteligencia emocional en los niños.

Las emociones y la mente no funcionan bajo la misma lógica, pretender únicamente cambiar el pensamiento para impactar en la emoción, se queda corto. Intelectualizar el proceso emocional no es inteligencia emocional desde mi punto de vista, pues son procesos diferentes, que requieren de estrategias diferentes.

Nuestros pequeños necesitan aprender a integrar sus emociones, abrazarlas incondicionalmente libres de todo juicio o cuestionamiento, es un proceso íntimo que implica llevar la atención al sentir y reconocer como propio todo lo que nos habita. Cuando aprenden a darle su lugar a la emoción, pueden abrazarla e incluso respirarla y eso poco tiene que ver con la razón, las normas o el análisis…

En Inteligencia emocional en los niños, y en todos, la clave es: si lo aceptas o la rechazas. La simpleza de este proceso lo hace complejo, por eso nuestros niños precisan el entrenamiento en la auto-conciencia y el mantenimiento de la atención en el sentir, éstas son las competencias a desarrollar en nuestros menores -y en quienes les guían por la vida-. Afortunadamente la creatividad humana nos ayuda a crear contextos de descubrimiento atractivos para niños que recojan las diferentes necesidades de los chicos a la hora de aprenderlo.

Con este punto de partida, el menor es más consciente de sí, sabe quedarse en sí mismo aunque haya incomodidad hasta integrarla, sin tener que huir con la televisión, las consolas, la comida, las compras, agradar a otros, todo ello para evitar el contacto real con la emoción y su intensidad. De nuevo, es con este punto de partida, donde se puede entrenar en competencias clave como la empatía, la asertividad, la postergación de las recompensas, entre otros aspectos. De lo contrario, aunque saben racionalmente lo que les puede beneficiar, están tan secuestrados por su propia emoción que no lo pueden poner en práctica.

Estamos viviendo un cambio, recuerdo que en el año 2009 cuando por primera vez fui a los coles con la Inteligencia emocional en los niños, se valoraba positivamente, pero no estaba integrada en la mayoría de los programas educativos. Hoy cada vez son más centros los que apuestan por ello, padres que toman la iniciativa en formarse para aplicarlo en sí mismos y sus familias, adolescentes que quieren aprenderlo por deseo personal, sin duda vamos en la buena dirección, porque el ejemplo seguimos siendo nosotros y es .

 

Valeria Aragón

Coach Infantojuvenil y Familiar

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