Inteligencia Emocional en la Adolescencia.

¡Qué mala fama tiene la adolescencia y qué etapa tan potencialmente maravillosa!.

Los adolescentes disfrutan de una capacidad de aprendizaje que no se vuelve a vivir en la vida, y así lo afirma Jose Antonio Marina que la define como “una etapa privilegiada donde el cerebro se rediseña por completo”. Por ello, os quiero hablar de la Inteligencia Emocional en la Adolescencia.

Se que muchos padres y madres sólo conectan con algunas de las características incómodas de la etapa, como los cambios fisiológicos, psicológicos, relacionales, la primera maduración sexual, la construcción de identidad propia más allá de la figura de los padres, etc. Está claro que no hay crecimiento sin momentos de crisis, pero lo cierto es que si el menor ha tenido espacios de autonomía, se ha fomentado su pensamiento en vez de darle mascado el QUÉ, CÓMO, CUÁNDO…y si se le ha devuelto una imagen positiva de sí mismo, acompañar a un adolescente en su paso a la madurez es todo un privilegio.
En términos generales, y basándome en mi experiencia de años trabajando con ellos en grupo, en institutos, talleres, y en sesiones de coaching individual, los adolescentes son muy sensibles a la Inteligencia Emocional: quieren saber gestionar su montaña rusa interior, donde ahora más que nunca “los semejantes” importan tanto y toman decisiones que van a conducir su futura vida profesional.

¿Cuáles son las demandas y aprendizajes emocionales que más agradecen e incorporan a su vida?

“QUE NO ME AFECTEN LO QUE DIGAN OTROS DE MI”
“QUE MIS PADRES ME ENTIENDAN”
“MÁS GANAS DE ESTUDIAR”
“QUÉ HAGO CON MI RABIA”
“QUÉ HAGO CON MI ANSIEDAD EN LOS EXAMENES”

Cada uno de estos aspectos es trabajado en profundidad y por separado.
Hoy abordaremos el primero de ellos, que es precisamente de los más demandados:

“QUE NO ME AFECTEN LO QUE DIGAN OTROS DE MI”

Recuerdo varios casos que van de los más crítico como es el caso de acoso a una niña de origen chino que fue duramente insultada “China de mierda, no te tocaría ni con un palo”, a otros conflictos sociales de menor intensidad como por ejemplo, que digan de mi si soy “chonija” (Choni + pija), si soy un “empollón”, un “gordo”, etc.

Es claro que hace falta un buen trabajo de autoestima, donde sean conscientes de:

Lo que digan otros de ti, no te define como ser humano: Y por OTROS, me refiero a TODOS. Hay adultos que aun dicen cosas como: me afecta dependiendo de lo que me importe la persona que me lo diga. ¡Uy, cuidado!
Porque confundimos la intensidad emocional que nos produce el comentario de alguien a quien querremos o admiramos, con la cuestión clave, que es que su percepción de ti no tiene porque ser VERDAD, ni la que defina tu valía. Este proceso interno lo llevamos a cuestas desde que somos pequeños, pues nos identificamos con lo que las personas que nos importan nos devuelven con sus palabras y hechos de nosotros mismos, pero pasar a ser un adulto es precisamente ser consciente de que, el que describe, está también condicionado por sus propias experiencias, expectativas y emociones, por lo que no es más que su percepción.

También es interesante que vean, las consecuencias reales que supone que alguien piense mal de otro, pues generalmente se lo imaginan peor de lo que realmente puede ser y cómo afectará a su vida.

Acompañar a los adolescentes en esta simple distinción ya es un buen reencuadre, pero podemos llevarlo más allá cuando además le enseñamos el concepto de PROYECCIÓN o ESPEJO, y pueden reconocer en todos sus conflictos presentes, cómo todo aquello que les exaspera de los otros y viceversa, son aspectos que ellos también tienen o están necesitando desarrollar. Una manera en la que se lo explico es con mi metáfora de la LEY DEL SALERO.

Con estas dos ideas, comienza un nuevo movimiento interno donde son capaces de percibir que lo que dice el otro de nosotros, habla más del que lo dice, que de quién lo dice. Este punto de partida genera un estado interno más calmado que permite activar respuestas más asertivas y comportamientos elegidos y no de reacción.

Por supuesto, para llevar a un adolescente a darse cuenta de este aspecto, no lo haremos NUNCA EN PLAN SERMÓN, de ahí que el coaching favorezca un contexto de confianza y receptividad inconsciente óptimo, donde a través de las preguntas el menor toma consciencia y activa los recursos.

Seguiremos ahondando en la Inteligencia Emocional de los adolescentes
Atento a los siguiente POST.

¡Hasta pronto!
Valeria Aragón

Coach Infantojuvenil y Familiar.

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